jueves, 15 de diciembre de 2011

Henzel

Todo empezó de la nada, nos conocíamos y no hablábamos, hasta este verano, el mejor verano de mi vida sin duda. Las tardes de jugger, las noches de fiesta, y tú.
Nunca creí que la de los tatuajes y el piercing fuera a ser de las personas más importantes de mi vida, mi esposa, mi amiga. Mi vida la podría resumir en tres personas, mi madre, Raquel, y tú. Tú eres de la primera en la que pienso. Porque eres la que siempre me escucha, me das consejos, esperanzas, y buenos momentos que recordar siempre. Sabes que es lo que me hace falta oír (o leer) para hacerme feliz en cada momento de bajón. Y siempre estás ahí, siempre. Aunque no sea en persona, porque vives medianamente lejos, sé que si me pasa algo, estarás en tuenti, o facebook, ya sea en ese momento justo o más tarde, pero estarás ahí para apoyarme. Porque me quieres, cosa que no hace mucha gente. Y sabes que te quiero, te quiero más que a mi vida, y que daría todo por ti. Si te pasa algo, quiero que entiendas que estaré allí, y he dicho allí, en tu casa. Si te pasa algo, algo chungo, y me necesitas, me pillo el primer bus que me lleve a tu lado, y me quedo el tiempo que haga falta para que vuelvas a sonreír, como si hay que dormir en la calle, o no dormir directamente, porque no podría soportar saber que estás mal y no estar a tu lado.
Invitarte todos los findes a dormir en mi casa fue la mejor decisión que tomé en su día, y nunca me voy a arrepentir, ni de eso, ni de cada conversación, cada abrazo ni cada momento que he pasado a tu lado. Porque gracias a ti he cambiado, y creo que soy mejor persona, y me rodeo de gente que realmente vale la pena. Me has enseñado a ser fuerte, y a no dejarme llevar por las emociones (aunque a veces no te haga caso :P)
Y no sé, seré rallante y una pesada, pero sé que mientras te tenga a ti, no habrá caída de la que no me pueda levantar, y aprenderé algo nuevo, y dejaré de caer en gilipolleces.
Por eso y mucho más, porque espero tenerte en mi vida para siempre, tenía que volver a escribir algo sobre ti, y no un simple tablón, sino algo que de verdad sea importante. Porque te quiero ^^


Henzel Abbadom 

lunes, 12 de diciembre de 2011

Harta de llorar

Recuerdo cada mirada, cada desprecio, cada palabra, cada golpe, todo como si fuera ayer. Recuerdo el día que me dijiste que ojalá me hubieras dado en adopción. Recuerdo que nunca quisiste conocerme realmente. Para ti solo era un estorbo, alguien que te había tocado criar, pero que no querías.
Fueron muchos años, muchas lágrimas, muchas noches de llanto y poco sueño. Pero no me podía quejar, como quejarme, si todos te defendían. Nadie te conoce realmente, y si lo hacen, no lo demuestran.
Recuerdo el día que ella murió, tenía trece años. No fue fácil, no fue agradable, y tú no estabas allí para apoyarme. Nunca estuviste. Él único recuerdo bueno que tengo de ti fue cuando la enterraron, que me cogiste la mano muy fuerte, y yo deseé que no me soltaras nunca, porque pensé que eso sería el principio de un reconciliamiento. Que estarías a mi lado, que me querrías todo lo que ella no podría quererme más. Y me equivoqué. Sólo fue un momento, y ahora dudo de si lo hiciste por mi, porque era una niña, y lo necesitaba, o porque eras tú quien lo necesitaba. Lo único que sé a ciencia cierta es que eso fue el último gesto agradable que tuviste conmigo, y de eso hace más de seis años.
Luego todo fue oscuridad, gritos, insultos, rabia, portazos, y una indiferencia total por tu parte. Recuerdo haber llorado, que tú me hayas visto, y no preocuparte en absoluto. Solo te importaba que era difícil de llevar, mis sentimientos no existían. Para ti debieron de irse cuando se fue ella, pero a mi me quedaban muchos. Entiendo que para ti fue muy duro perderla, fue el amor de tu vida, la única mujer con la que has estado, y te hizo feliz. Pero tú no entendiste que yo perdí una madre, la única que tuve, y que casi no la pude disfrutar.
Desde que se fue, o la vida la hizo irse, todo fue a peor, no tuve un padre, no tuve nada. Sólo recibí por tu parte dolor. Palabras que me rompían el alma, castigos y palizas durante tres años. Hasta que me harté, hasta que intenté ser fuerte y decidí denunciarte. Pero no lo conseguí, me pudo el miedo de perder a mis seres queridos, de alejarme de todo. Y no lo hice. Y aún así, eso me costó el rencor de una parte de mi familia, porque ellos ni conocían, ni conocen mi sufrimiento.
Y eso no te hizo ver lo mal que lo estaba, sino que fue peor. Decidiste odiarme por intentar defenderme, y lo único que cambió fue que cesaron los golpes, pero el trato fue igual, o incluso peor. Te desahogabas diciéndome cosas lo que no podías hacer con palizas, porque sabías que si me volvías a tocar, de esta ya no sería una cobarde y te denunciaría. Llegaste incluso a prohibirme cenar con la familia, con nuestra familia. Pero encontré a donde ir, con una verdadera familia, aunque no sea familia de sangre. Y eso te jodió el plan de que me quedara sola y encerrada en mi habitación. Y continuaron los desprecios, y yo me callé todo.
Y así aguanté hasta hace cinco meses, que decidí huir de todo, huir de ti y de todo lo que había pasado, y me fui de casa, de esa casa que se había convertido en mi infierno.
Después de eso, te volví a ver, porque a ti te dio la gana, y pensé que por fin podríamos hacer las paces, sin rencores. Que podríamos empezar desde el principio, y que por fin tendría un padre. Me equivoqué, siempre fui una ilusa. Lo único que hiciste fue ignorarme, y me sentí como una mierda, otra vez el mismo rechazo de siempre, los mismos sueños rotos.
Y decidí que sería la última vez que me engañaría a mi misma. Sé que no me quieres, que nunca lo hiciste, y que nunca lo harás, y que siempre me guardarás rencor. Pero yo no caeré en las mismas, no volveré a poner de mi parte, porque ahora estoy segura de que nunca va a cambiar nada. Y estoy harta de sufrir por ti, porque aunque no lo creas, sigo siendo una niña, una niña con el alma rota, pero que ha decidido ser fuerte y realista. Y estoy harta de llorar.